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Revista
Acta Académica


Universidad Autónoma de Centro América 

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Comentario a la Ponencia del
Maestro Francisco Alvarez González

Las Universidades, Ayer y Mañana

Maestro Alberto Di Mare

      De la lúcida ponencia del Maestro don Francisco Alvarez vale recalcar su referencia a las consecuencias de

"la moderna democratización de la vida, unida en general, al cada vez mayor bienestar de todos" (p.7).

y a la consiguiente demanda de mayores servicios universitarios, por ser crecientes las cohortes que desean acceder a las aulas magistrales.

      Esto ha provocado una explosión de la universidad, o peor, un descuartizamiento, que seriamente compromete tanto su existencia como su excelencia.

      No se trata de crecimiento, sino de descuartizamiento.

      Mayor bienestar general y mayor movilidad social, así como la evidente utilidad de la educación universitaria han aumentado exponencialmente la demanda, especialmente de carreras profesionales, poniendo en serio entredicho la capacidad de las casas de enseñanza para cumplir debidamente. Es un fenómeno universal.

      Además, los adelantos verdaderamente revolucionarios en la tecnología de la información y el acceso a ella de multitudes ha abierto posibilidades anteriormente imposibles de concebir y que han transformado enteramente la didáctica y la investigación, al hacer posible, a escala descomunal, la relación (¿la disciplina?) maestro-discípulo en forma a tal punto diversa, que necesariamente la universidad del siglo XXI deberá ser planteada en forma distinta, por serlo el substrato tecnológico que lo sustentará. Hasta hoy la universidad ha desempeñado, le correspondan o no, dos funciones principalísimas: la transmisión de los saberes acumulados y la investigación para hallar nuevas soluciones. Tanto en un ámbito como en el otro la tecnología de información electrónica "le ha dado vuelta a la tortilla". En lo que hace a la acumulación del saber, por el nacimiento de la biblioteca virtual, la cual no solo excederá en acervo a las actuales bibliotecas reales, sino que además poseerá hojeadores extraordinariamente poderosos que harán posible un empleo del material bibliográfico en que los métodos actuales corresponderán a la Edad de Piedra.

      Lo mismo debe decirse respecto a la investigación, la cual será –lo barruntamos por los ya existentes servicios de subasta en la "internet"– de una flexibilidad, disponibilidad, transparencia y capacidad hasta ahora ni tan siquiera soñadas. A este respecto los problemas más bien son de carácter económico, en el sentido de organización industrial, es decir, de permitir y propiciar aquellos modos de colaboración que garanticen adecuadamente los derechos de propiedad y consecuentemente el poner a disposición del público los hallazgos. Las diversas soluciones que, apenas en las últimas semanas,[1] han aparecido en las subastas de la "internet" ponen de manifiesto el vigor de la inventiva de esta forma de colaboración (la "internet") y sus habilidades casi mágicas para resolver problemas.

      Con todo, patente para quien tenga alguna experiencia en enseñar a investigar a través de "internet", este medio carece todavía de adecuadas normas de cortesía, de una etiqueta productiva, para alcanzar tanto la verdad (en la investigación) como la madurez (en la enseñanza), consecuencia de, precisamente su mayor ventaja, ese estar abierta y accesible a todos y no sólo a los que se comportan y la usan adecuadamente. Pero así como la etiqueta científica y filosófica vigente, con sus normas de discusión a fondo pero incruenta, arraigaron en la universidad del pasado, algo indiscutiblemente mejor habrá de nacer de las nuevas circunstancias... y si no, quedaríamos las universidades simplemente como fósiles vivientes y las nuevas adaptaciones sí irían por otras sendas.

      Mi relativa experiencia con "internet" y con la cultura universitaria me sugiere un temor, quizás infundado y producto sólo del amor a la tradición: que se produzca un nuevo tipo de hombre y de saber, antihumanista; quiero decir capaz sólo de soluciones específicas, pero no de visión general. Tanto el portentoso desarrollo de las ciencias, como la posibilidad de poseerlas y utilizarlas ad-hoc en que las nuevas tecnologías y formas de investigación están fundamentadas hacen ahora, con gran eficacia, posible la existencia de "tinterillos" inmensamente exitosos, sin necesidad de llegar nunca a jurisconsultos... y así en todas las ciencias y las artes, no sólo en el derecho.

      Por ello es necesario que saquemos, las universidades de este siglo, fuerzas de la flaqueza, para no dejar abandonada la filosofía, entendida más que como el descubrimiento de las verdades absolutas (Platón) o la unión con la divinidad (neoplatonismo) o la elucidación de la verdad última (Descartes), como el análisis sistemático (Locke) de las ideas que poseemos, para harmonizarlas (Saint Simon). Readquirir lo que antes he denominado como humanismo, es decir, poseer una disciplina sintetizadora que a partir de los datos de las diversas ciencias o saberes los entrelace mediante el establecimiento de principios universales (Spencer). Esto será más fácil de lograr en las ciencias "maduras" que en las infantiles, pero eso es cuestión de detalle y de circunstancia. Lo importante es que la universidad del porvenir no se desentienda de lo que está más allá de lo concreto, positivo o como quiera llamársele, y que no abjure, pues, de la metafísica.


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[1] cfr. The Economist, 24 de julio de 1999, pp. 67-8. "The heyday of the auction".


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Acerca del autor [<>] [\/] [/\]

Alberto Di Mare: Doctor Honoris Causa y Catedrático de la Universidad Autónoma de Centro América; Tutor de la carrera de Economía en el Stvdivm Generale Costarricense.

[mailto] Alberto Di Mare <alberto@di-mare.com>


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Referencia: Di Mare, Alberto: Comentario a la Ponencia del Maestro Francisco Alvarez González Las Universidades, Ayer y Mañana, Comentario a la Tercera Ponencia a la XV Asamblea Académica, Revista Acta Académica, Universidad Autónoma de Centro América, Número 25, pp [224­225], ISSN 1017­7507, Noviembre 1999.
Internet: http://www.di-mare.com/alberto/acta/1999nov/adimare.htm
Autor: Alberto Di Mare <alberto@di-mare.com>
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Revisión: UACA, Noviembre, 1999
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