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![]() Acta Académica Universidad Autónoma de Centro América |
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Alberto Di Mare
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Si el argumento que he presentado es correcto, él ofrece una oportunidad promisoria para las naciones de Latino América. Si es por razón de una desafortunada herencia de las ideas de España, más que por supuestas deficiencias de los recursos o de los pueblos de América Latina, que se explican los especiales problemas económicos de Latino América, entonces los países de América Latina pueden mejorar grandemente su desempeño mediante la adopción de políticas de mayor apertura y liberalidad. Si las élites de América Latina pudieran ser persuadidas de esto, sus políticas públicas serían modificadas, a pesar del poder de los intereses establecidos.[1]
Los asistentes a este simposio, especialmente el Profesor Olson, deben disculparme, debido a que dispongo de escasos diez minutos y sólo anoche pude leer su ponencia, por haberla recibido con atraso, por lo que lo que diré, como fruto de una noche insomne, estará preñado de alucinaciones, y quizás no corresponda tanto a lo que el ponente expuso, como a una caricatura, a un esbozo pergeñado a vuela pluma, realizado para rebatirlo con ventaja.
Rebatirlo, porque no estoy de acuerdo con muchas de sus principales aseveraciones.
***
El Dr. Constantino Urcuyo, en su comentario a la ponencia, ha recalcado que en ella no se encuentran elementos que correspondan a lo de que el título blasona; debo yo terciar en el sentido de que aunque hubiera tratado el ponente de presentarlos le habría sido imposible, dada la vía que escogió, es decir, que haya sido "la desafortunada herencia de las ideas españolas" la causa de nuestra postración, y a contrario sensu, la afortunada herencia británica la causa de la prosperidad de los anglo-parlantes. Un tal escenario, no puedo evitarlo, me hace venir a la memoria los errores de explicación a que se refiere Carl Sagan en su libro Cosmos, cito:
La ausencia de qué observar en Venus, llevó a algunos científicos a la curiosa conclusión de que la superficie era un pantano, como la Tierra en el período carbonífero. El argumento,si pudiéramos dignificarlo con tal nombre, se presentaba más o menos así:
"No puedo ver nada de la superficie de Venus"
"¿Por qué no?"
"Porque está totalmente cubierta por nubes"
"¿De qué están hechas las nubes?"
"De agua, por supuesto"
"Entonces, ¿por qué serán las nubes de Venus más densas que las de la Tierra?"
"Porque allá hay más agua"
"Pero si hay más agua en las nubes, debe haber más agua en la superficie. ¿Cuáles superficies son muy húmedas?"
"Los pantanos"
Si hay pantanos, ¿por que no habría cicadáceas y libélulas y quizás hasta dinosaurios en Venus? Observación: no había absolutamente nada que ver en Venus; conclusión: debe estar cubierto con vida...[2]
Así como nada sustenta la hipótesis de que haya vida en Venus, nada respalda la del ponente de que los países de un idioma tengan un mejor desempeño que los de otro. "Como no había nada que observar, se deduce que Venus está cubierto con vida": todos los hombres somos primates parlantes, y al constituir en diferencia específica de un desempeño al idioma, llegamos tan a fondo que, en realidad, no estamos señalando ninguna diferencia específica, no estamos diciendo nada, por diferencia de idioma no podríamos explicar nada; tampoco por diferencias culturales que sería, como gustan decir los franceses, "resoudre la question par la question" (responder la pregunta con la pregunta): cultura es todo y luego es nada. Si existiera la supuesta diferencia en el desempeño, la razón podría estar sólo en un elemento que fuera un anterior de parla y de cultura, un elemento físico objetivo, como mostraré más adelante en este comentario, quiero decir la geografía y la demografía; la explicación no podría estar en un factor derivado, sino en el medio ambiente: que no son los sarmientos quienes puedar dar razón de la vid. Por lo tanto, debo, en primer lugar, decir que la ponencia está equivocada, desde el punto de vista ontológico; además el enunciado no corresponde con los datos, pues los países que toma como paradigma, no hablan inglés, excepto algunos pocos.
Además de la divergencia ontológica, debe hacérsele una crítica metodológica, destacando los rasgos de Ilustración (esa escuela de los siglos XVII y XVIII que se niega a abandonarnos), de logicismo y de utilitarismo, de que está empapada la ponencia y que mucho atenúan el optimismo con que concluye: no es posible, para Hispanoamérica, retomar su puesto bajo el sol, a menos que lo haga sobre criterios objetivos, en vez de los de carácter cultural que recomienda el ponente. Mi tesis es que, contrariamente a lo que Olson supone, no es tan sencilla la solución, como "cambiar de pellejo", aculturarnos y, si posible convertirnos en anglófonos, para alcanzar la prosperidad (Filipinas, que siguió esta senda, llegó a un punto muerto): aunque acepto que "adoptar políticas de mayor apertura y liberalidad" es una condición necesaria, no será una condición suficiente, porque el problema no es, como simplistamente supone el ponente, que nos predica en esto los mismo que nos predicó la Ilustración, el del "poder de los intereses creados", sino uno de inadaptación a un medio geográfico y demográfico, incompatible con el "modo de vida" de los países que supuestamente hablarían inglés, a los que el ponente toma como paradigma.
La frases del ponente con que encabezo este comentario son bellas, pero nada más, son sólo retórica; es más, son la explicación de la postración hispanoamericana: ya los siglos XVII y XVIII nos empaparon con esta pretensión de que bastara inundar la vida humana con la luz de la razón, disipando las tinieblas del dogma y la autoridad, para alumbrar el progreso: pero en lugar de alumbrar, adumbramos; los hispanoamericanos no queremos hacer fracasar nuevamente nuestra revolución, cayendo nuevamente en la misma trampa, siguiendo una doctrina atrayente, bella, iluminante, pero desvinculada de la adaptación al medio, que ignora las condiciones objetivas, y supone que los obstáculos al progreso son exclusivamente de carácter social, por lo que el cambio pueda darse con apenas el abracadabra de una revolución social, constituida por una institucionalidad de mayor apertura y tolerancia.
El escenario del ponente es, casi enteramente, el de la llamada "Lógica de la Acción Colectiva": moda, es decir, uso o costumbre que está en boga por algún tiempo, que guarda simetría con el utilitarismo, pues así como aquél pretendió establecer una aritmética política, éstos pretenden una lógica política; sólo que desafortunadamente la moda actual es menos objetiva, pues pecar por confundir felicidad o placer con adecuada adaptación, con capacidad de supervivencia, es un mal menor que pretender que, si algo fuera congruente, sería también "sobreviviente", capaz de adaptarnos exitosamente al ambiente.
Peca también la ponencia de logicismo, quiero decir que, queriéndolo o no, su criterio de verdad es la coherencia, no la adaptación objetiva a la realidad externa: el logicismo económico es metodicamente aceptable en el ámbito de la toma de decisiones, en el campo de la acción humana que dirían von Mises y los teólogos, pero no en la determinación de los otros tipos de acción, en lo que los teólogos y von Mises denominarían acción del hombre.
Con esto no pretendo que la lógica de la decisión colectiva sea irrelevante, sino que su punto de vista es, en lo más importante, insuficiente y, en puntos secundarios, exagerado.
En la ponencia hay un abuso del logicismo: una despreocupación por la forma en que el intelecto humano conoce, un suponer que lo haría en forma lógica (por "razonamientos" o "silogismos"), que es error grave, si he entendido adecuadamente. Por ejemplo (pág. 23-24) Olson afirma:
Así se explica, por ejemplo, el criterio de que un evento como "un hombre ha mordido a un perro" se considere una noticia valiosa. Si los noticieros de televisión fueran vistos, o los periódicos leídos, solamente para obtener la información más importante sobre los asuntos públicos, los eventos aberrantes de poca importancia pública serían ignorados, y los patrones típicos de significación cuantitativa serían enfatizados; cuando las noticias, contrariamente, son, para la mayor parte del público, más que todo una alternativa de otras formas de diversión o entretenimiento, hay una gran demanda por excentricidades y temas de interés humano.[3]
Este párrafo ignora, olímpicamente, cómo opera la mente: presume que el conocimiento sea un análisis de congruencia, olvidándose de que es un instrumento de supervivencia, el cual, a partir de datos escasísimos y a menudo contradictorios, adivina la situación objetiva, para adaptarse exitosamente. Esto, lo sabemos desde Kant con claridad, puede lograrse sólo si operamos mediante esquemas, es decir, prototipos, compendios, prejuicios, "clichés": si entre los arbustos vemos moverse un rabo enroscado, inferimos el esquema: ¡perro al acecho, cuidado! y no nos preocupamos si lo hicimos silogísticamente, ni de cuál de las formas clásicas fue: si un Barbara, un Celarent, un Darii, etc.
Lo importante en estas cosas, es decir, para no ser mordido, es la semiótica, no la lógica, y esto exige "mantener al día" los conceptos esenciales, de manera que nuestra "imaginación trascendental" los modifique, en cuanto nos percatemos de su incompletitud, al surgir aberraciones: por eso es interesante la noticia de que "un hombre mordió a un perro", no es frívola ni irrelevante, como supone el ponente: sirve para modificar y poner al día los esquemas con que adivino la realidad objetiva. Así como es útil conocer las aberraciones, sería completamente inútil, desde el punto de la adaptación exitosa al medio, una pura pérdida de tiempo, que me indiquen que los cinco millones de terneros que nacieron, tenían sólo una cabeza... ¡ya lo sabía!.
Por eso, desde un punto de vista epistemológico, podemos decir que "un hombre mordió a un perro" es el evento que falsifica la aseveración, tenida hasta entonces por acertada, y por eso no es válida la crítica del autor, cuando afirma
La ignorancia racional del ciudadano típico, que predice la lógica de la acción colectiva, sugiere que las ideologías simplistas y los "slogans" políticos, jugarán un papel descomunal en la vida política. (pág 24).[4]
Esto es así, y es bien que así sea, porque así debe ser, por corresponder con la forma en que nuestra mente trabaja: cualquier otra pretensión pecaría de "idealismo", en el sentido de inadecuación con la realidad: serían conductas imaginarias, imposibles por inexistencia de las premisas, ya que no existe una mente humana capaz de operar como ellas sugieren. Por ejemplo, la economía de mercado no trabaja conforme sugiere la lógica de la acción colectiva: ningún operador sabe más allá de algún precio, es decir, casi nada; pero con esa nada actúa... ¡y en forma portentosa, operativa y eficaz!
Imaginémonos lo que sería, si debiera operar conforme al escenario que el ponente plantea: ¡se instauraría el caos!
Me descuelgo ahora de la rama epistemológica, para pasar a considerar algunas de las aseveraciones de carácter político que hace el autor. La más importante, a mi juicio, es la que aparece en página 23, donde afirma:
Como la probabilidad de que un votante típico pueda cambiar el resultado de una elección es exageradamente pequeño, entonces el ciudadano típico, sea un médico o un taxista, usualmente será racionalmente ignorante acerca de los asuntos públicos.[5]
Con muy buena retórica se nos trasmite la inquietud de buscar una forma de gobierno que fuera eficiente, en la que se pudieran eliminar esos defectos de la democracia tal como es hoy, y por eso llega a afirmar (pág. 27):
Si las víctimas de coaliciones para medrar tuvieran al menos una ligera idea de lo que realmente sucede, fácilmente podrían ponerles fin. Pierden sólo por razón de su ignorancia racional y por las limitaciones de las ideologías en las que, consiguientemente, confían. Ya que el origen del problema se encuentra en minúsculas minorías, se sigue que podrían ser derrotadas fácil y rápidamente, si se superara la ignorancia racional.[6]
¡Tan sencillo, y no nos habíamos percatado! Desgraciadamente no es posible, epistemológicamente, eliminar los esquemas de las ideologías y de esa que llama, quizás peyorativamente y ciertamente contradictoriamente, ignorancia racional (¿si se trata de una ignorancia racional, cómo podría superarse?), pues son las premisas del pensamiento humano, imposible sin recurrir a ellas. Pretende aquí ignorarse que la democracia no es una forma de gobernar, sino una forma de eliminar, pacíficamente y con el menor costo posible, las malas formas de gobierno: cualquiera puede criticar una política quirúrgica que utilice instrumental propio de la escultura; o a la democracia por su incapacidad para la investigación científica. Esto es falencia: la democracia existe para impedir la violencia en los procesos, en ella continuos, de derrocamiento del poder... obra que realiza a las maravillas, a pesar de supuestas fallas por ignorancia racional y no obstante que, como supone el sesgo Ilustracionista del autor, "fácil y rápidamente" pudiera uno desembarazarse, con el abracadabra de abandonar la ignorancia racional, de las estructuras de poder, que nos mantendrían retrasados respecto de los anglófonos.
La cándida fe en el poder de la lógica, su adhesión a la filosofía de la Ilustración, es la falla mayor de la ponencia del Profesor Olson.
***
Parafraseando a Hegel, diría que mientras el desarrollo consistió en la libertad para uno, y luego en la libertad para muchos, Hispanoamérica fue puntera. Pero dejó de serlo cuando se llegó a la etapa de la libertad para todos, porque entonces las condiciones objetivas (geografía y demografía) nos reataron; fueron y son ellas, principalmente, y no la ignorancia racional ni la lógica de la acción colectiva, ni el idioma español, ni la herencia cultural hispana, las que nos retrasan y aprisionan.
El camino que nos ha mostrado hoy el Profesor Olson es, con todo, valiosísimo, una etapa que necesariamente debemos recorrer, pero que no será condición suficiente, como lo evidencia el que la revolución liberal hispanoamericana ya lo recorrió y, no obstante, fracasó.
Desde los inicios de la incorporación americana al mundo europeo, América del Norte, donde nada había, lo mismo que el cono sur y Brasil, estuvieron rezagados, fueron más coloniales que el resto de Hispanoamérica, donde había mucho: civilizaciones superiores en población, urbanismo, agricultura, etc., a las europeas.
En donde nada había, comenzó a crecerse, sobre todo en América del Norte, en tanto que en Hispanoamérica empezó una involución, provocada por los maravillosos asentamientos originales, que se convirtieron en un anacronismo cuando se diezmó la población indígena y finalizó la época en que la autosuficiencia pudiera mantener una civilización mayor a la de la metrópoli: desde el punto de vista de las necesidades nuevas del comercio internacional colonial, estos asentamientos representaban una solución absurda de la que no se percataron los colonizadores (en América del Norte sucedía lo contrario, lo mismo que en el Caribe). La inmensidad de la infraestructura existente en Hispanoamérica resultó, a la postre, un grillete, en vez de la ventaja que inicialmente representó y provocó una localización antieconómica de la colonización española, sujetándola a altísimos costes de transporte.
Superado el choque demográfico inicial, que casi aniquiló las poblaciones hispanoamericanas, se instauró una demografía típicamente divergente de la del hemisferio norteamericano: ¿debe la historia endilgarnos como imprevisión nuestra preferencia por la población, por las personas, en lugar de por los artilugios, por los "chunches"?, ¿seremos un paradigma cuando tengamos menos hijos y más artefactos?
Nuestra mejor presea es el crecimiento de las etnias americanas, en lugar de su extinción, como en el hemisferio norteamericano; aunque así hayamos empeorado las posibilidades de bienestar colectivo, pues no es lo mismo prosperar con sólo colonizadores europeos, que arrastrar multitudes indígenas, otras etnias, otras culturas.
Con todo, mientras la civilización representó a lo sumo el progreso de muchos, es decir de los colonizadores, Hispanoamérica dió la medida, muy sobradamente, puesto que ni la geografía, ni la demografía tenían capacidad para retrasar el progreso de las élites; en aquel entonces el título de esta ponencia habría sido a la viceversa: hasta el siglo XVIII, un resfriado mexicano provocaba una pulmonía norteamericana; pero hoy, en que los criterios de civilización son totales, en que el criterio es el progreso de todos, ya no calificamos, por la postración de las poblaciones indígenas.
Nos encontramos en la situación que se habrían hallado los Estados Unidos, frente a Europa, hoy, si no hubieran liberado a los esclavos a mediados del siglo pasado.
Estas circunstancias, geografía y demografía, son de un peso tan exorbitante, tan desproporcionado, que hacen superfluas, casi frívolas todas las demás consideraciones.
¿Será posible hallar remedio a nuestro atraso económico y social, gracias a los mercados universales, la facilidad de comunicaciones, transporte y transferencia de tecnología?
Si fuera posible, si pusiéramos en obra la condicion suficiente, ocuparíamos nuevamente nuestro puesto bajo el sol y este continente sería una tierra de prosperidad para todos, no como hoy, sólo para muchos, sólo para sus élites.
Lo logremos o no, cualquiera sea el futuro, deberemos proceder, en primer lugar, conforme a los criterios que con tanta claridad ha señalado el Profesor Olson: de no hacerlo perderíamos la oportunidad de progreso; por lo que, a pesar, de las divergencias que se puedan tener respecto de los fundamentos de su ponencia como solución global, lo que él establece es esencial, como premisa para enfrentar con probabilidades de éxito el futuro.
| [*] | Comentario sobre la ponencia homónima ("Why has the
economic performance of Spanish-speaking and
English-speaking countries be so different?" del Profesor
Mancur Olsen en el seminario sobre "Las Raíces
Institucionales de la Política Económica
Costarricense" celebrada por el Centro Interamericano de
Adiestramiento en Política y Administración
(CIAPA) en su sede (Curridabat) el 12 de junio
de 1992.
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| [1] | If the argument I have offered here is correct, it offers a
promising opportunity for the nations of Latin America. If it is
an unlucky inheritance of ideas from Spain, rather than any
alleged deficiencies of the resources or peoples of Latin
America, that explains the special economic problems of Latin
America, then the countries of Latin America can greatly improve
their performance by adopting more open and liberal policies. If
elites in Latin America come to be persuaded of this, public
policies will be changed, in spite of the power of organized
interests.
Mancur Olson, "Why has the economic performance of Spanish-speaking and English-speaking countries been so different?", p. 30. |
| [2] | The absence of anything to see on Venus led some scientists
to the curious conclusion that the surface was a swamp, like the
Earth in the Carboniferous Period. The argument if we can
dignify it by such a word went something like this:
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| [3] | It explains, for example, the "man bites dog" criterion of what is newsworthy. If the the television newscasts were watched or newspapers were read solely to obtain the most important information about public affairs, aberrant events of little public importance would be ignored, and typical patterns of quantitative significance would be emphasized; when the news is, by contrast, for most people largerly an alternative to other forms of diversion or entertainment, intriguing oddities and human-interest items are in demand. |
| [4] | The rational ignorance of the typical citizen that arises out of the logic of collective action suggests that simple ideologies and political slogans will play a gargantuan role in political life. |
| [5] | Since the probability that a typical voter will change the outcome of the election is vanishingly small, the typical citizen, whether he is a physician or a taxi driver, is usually rationally ignorant about public affairs. |
| [6] | If the victims of distributional coalitions had even a faint idea of what was really going on, they would easily put a stop to it. They lose only because of their rational ignorance and the shortcomings of the ideologies they accordingly rely on. Since minute minorities are the source of the problem, it follows that they will easily and quickly be defeated if rational ignorance should be overcome. |
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Notas de pie de página
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Alberto Di Mare <alberto@di-mare.com>
| Referencia: | Di Mare, Alberto:
Quinientos años después o ¿por qué ha sido tan diferente el éxito de las economías de los países de habla española y de los de habla inglesa?,
Revista
Acta Académica,
Universidad Autónoma de Centro América,
Número 11,
pp [913],
ISSN 10177507, Octubre 1992.
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| Internet: |
http://www.di-mare.com/alberto/acta/1992oct/adimare1.htm
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| Autor: | Alberto Di Mare
<alberto@di-mare.com>
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| Contacto: | Apdo 7637-1000, San José Costa Rica Tel: (506) 234-0701 Fax: (506) 438-0139 |
| Revisión: | UACA, Enero 1998
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